agosto 21, 2023

Desengancha y desconecta: adicción a las nuevas tecnologías

El Ministerio de Sanidad ha incluido por primera vez en 2018 las adicciones a las nuevas tecnologías en el Plan Nacional de Adicciones. Los adolescentes y jóvenes son el principal grupo de riesgo, pero no se debe confundir el uso inadecuado con una adicción.

El 18% de la población entre los 14 y los 18 años realiza un uso abusivo de las nuevas tecnologías, según datos del Gobierno. La Organización Mundial de la Salud no reconoce la adicción a las nuevas tecnologías como un trastorno, aunque sí la adicción a los videojuegos.

Es necesario distinguir entre un uso inadecuado y una adicción comportamental. Ésta responde a los mismos parámetros que las adicciones a sustancias o la ludopatía: la necesidad cada vez de más consumo para obtener satisfacción, agresividad en abstinencia, alteración de los hábitos del sueño y de la alimentación, aislamiento y pérdida de la vida social, familiar, profesional o educativa.

Además, el uso irresponsable de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) puede asociarse con otros problemas psicológicos como la ansiedad, la depresión o los trastornos de personalidad, convirtiendo la adicción en un síntoma indicador de vulnerabilidad derivado de otro trastorno.

Las nuevas tecnologías han llegado a nuestras vidas para instalarse en ella. Son útiles, sencillas de manejar, abarcan multitud de campos. Son irresistibles. Pero pueden llegar a suponer un problema si se les da un uso inadecuado, especialmente en el caso de los niños y adolescentes, más sensibles a conductas potencialmente adictivas y más dependientes de ellas.

“SI NO PUEDES CON TU ENEMIGO, ALÍATE CON ÉL”

Con la llegada del verano los niños y adolescentes disponen de mucho tiempo libre donde resulta imprescindible el equilibrio en el uso de las TICs y otras alternativas de ocio. La solución no radica en prohibir el acceso a redes sociales, no permitir tiempos de videojuegos o confiscar el móvil si no en ofrecer alternativas en las que invertir el tiempo libre además de marcar límites y directrices en el uso de los dispositivos. Educar en autocontrol y en responsabilidad, así como instruir en la gestión de un tiempo de calidad y optimización de recursos a su alcance.

Actualmente se están desarrollando videojuegos que poseen características muy positivas para potenciar destrezas motrices y cognitivas basadas en el movimiento corporal como forma de interacción menos sedentaria, además de facilitar el contacto social con el acceso de juego en red. La inclusión de la familia en los videojuegos favorece también el divertimento grupal entre los miembros más próximos.

Las redes sociales lejos de incentivar el aislamiento pueden proporcionar un aumento en el círculo social donde compartir información, siempre sin olvidar lo importante que resulta minimizar sus riesgos protegiendo la integridad y aspectos íntimos personales, así como limitando la exposición. Es importante participar también de un espacio común entre mayores y pequeños en la red, para poder ayudarles a valorar y dotar de criterio las interacciones públicas.

Los teléfonos móviles se han convertido en un recurso “inamovible” en nuestra sociedad. Además de aportarnos seguridad, se han convertido en un aparato casi imprescindible para muchos. Resulta fundamental que los más pequeños asuman los efectos de su uso y las consecuencias legales de acciones inadecuadas. Y, sobre todo, que los adultos seamos un ejemplo para ellos ya que las conductas de imitación son la principal fuente de aprendizaje en la infancia y la adolescencia. Proporcionémosles alternativas al uso del móvil como la lectura, el cine, las exposiciones, el teatro, los juegos de mesa, el deporte y potenciemos las formas de comunicación tradicionales en paralelo con la comunicación online.

“MÁS VALE PREVENIR QUE CURAR”

Como versa el refranero popular español, “más vale prevenir que curar”; la prevención en todo abuso es la herramienta más eficaz. Los adultos somos quienes debemos controlar el tiempo de exposición, así como los contenidos que visionan, visitan o generan, incluso conociendo las contraseñas de acceso de los más pequeños. No se trata de juzgar o cuestionar a los menores, sino de orientar y educar en valores. No se trata de invadir su intimidad, si no de preservarla. Es importante también pactar la limitación en el uso de pantallas (móvil, ordenador, tablet, consola, televisión…) y negociar en qué circunstancias no deben utilizar nunca el móvil, por ejemplo, no llevarlo al colegio o no utilizarlo en reuniones, así como establecer horarios de comunicación en red.

El tratamiento psicológico en casos de abuso o adicción a las TICs debe contar con un espacio libre de nuevas tecnologías con actividades cotidianas alternativas propias de su edad, donde además se fomenten las relaciones personales. Y por supuesto, resulta fundamental la realización de una terapia familiar conjunta.

“Desengancha y desconecta”.

María Hernández Maestro. Psicóloga.

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