febrero 8, 2024

Si no cambias nada, nada cambia

El cambio, entendido como la evolución del ser humano, es un proceso individual y personal. Una persona que se siente empoderada y consciente de su capacidad para conseguir sus objetivos podrá lograr cambios duraderos y positivos en su vida. Para cambiar resulta fundamental conectar con nuestra propia identidad para examinar y comprender cómo es nuestro mundo interior y exterior. Para transformarnos es importante reflexionar y tomar conciencia de nuestra capacidad para lograr lo que nos proponemos con compromiso, realismo, tiempo y energía.

FASES DEL PROCESO DE CAMBIO

El autoconocimiento y la autoconciencia constituyen el primer paso para conocerse a uno mismo. Evaluar el sistema de valores y creencias, detectar los puntos fuertes y débiles, y valorar las motivaciones resulta prioritario para poner en marcha el punto de partida.

En segundo lugar, el desafío a las creencias limitantes y la salida de la zona de confort ha de ser fundamental para progresar en el cambio. La zona de confort es un estado que no permite la evolución y es un hábito que nos convierte estáticos y nos resta insatisfacción generando un alto coste emocional. Salir de la zona de confort es enfrentarse a la incertidumbre y confiar en las posibilidades de uno mismo.

La elaboración de un plan de acción constituye la materialización de los objetivos realistas que hayamos previsto en nuestro proceso de cambio. Las metas pueden ir variando, por ello es fundamental ser flexible e ir adaptándose a las variaciones circunstanciales que puedan surgir. El control total y absoluto no existe, por lo que resulta muy positivo promover la capacidad de adaptación.

La reevaluación del ambiente posibilita observar los aportes y beneficios que va a promover el cambio en pro del bienestar personal y social.

La toma de responsabilidad se entiende como la habilidad para responder ante cualquier proceso de cambio y resulta esencial para llevar a cabo la transformación personal.

ETAPAS DEL MODELO TRANSTEÓRICO DEL CAMBIO

Desde la Psicología, Prochaska y Diclemente, nos brindan la oportunidad de comprender el desarrollo humano de una forma circular, en vez de lineal, exponiendo que los seres humanos evolucionamos siguiendo una serie de fases o etapas que nos hacen enfrentarnos de un modo peculiar a los cambios, pudiendo estancarnos o incluso retroceder durante el proceso.

Las etapas son las siguientes:
- Precontemplación: en esta etapa la persona no es consciente de tener un problema, y es frecuente que existan mecanismos de defensa como la negación o la racionalización.
- Contemplación: en esta fase la persona se da cuenta de que tiene un problema, empieza a mirar los pros y contras de su situación, pero todavía no ha tomado la decisión de hacer algo.
- Preparación: la persona ya ha tomado la decisión de hacer algo al respecto y empieza a dar algunos pequeños pasos.
- Acción: la persona toma ya los pasos necesarios, sin excusas, ni demoras.
- Mantenimiento: la nueva conducta está instaurada, empieza a ser un nuevo hábito. En la fase de mantenimiento, la persona puede pasar a la fase de “terminación” en la que el nuevo hábito es ya sólido y es difícil abandonarlo, ya que forma parte de su vida; o puede recaer (aunque puede recaer en cualquier etapa), pero nunca volviendo a la etapa de precontemplación.
- Recaída: en caso de recaída, la persona puede volver a engancharse al cambio, reconocer su progreso, aprender de la experiencia e intentar no cometer el mismo error otra vez o ver la recaída como un fracaso y estancarse eternamente sin cambiar.

CAMBIAR O NO CAMBIAR, ESA ES LA CUESTIÓN

El cambio es un proceso que está íntimamente asociado a la adaptación del ser humano al entorno, lo que se conoce como cambio evolutivo. Sin embargo, el cambio no solamente es biológico, sino que también puede ocurrir a nivel psicológico. En este sentido, está ligado al desarrollo personal.

A nivel personal, el cambio tiene la característica que depende de nosotros mismos, es decir, que podemos llevar a cabo una serie de acciones y podemos transformar nuestra actitud para favorecer nuestro crecimiento personal. Sin embargo, a veces, nos resistimos a cambiar.

En ocasiones, resulta necesario buscar la ayuda profesional de un psicólogo que nos permita mejorar nuestra gestión emocional, nuestra autoconfianza, nuestro autoconocimiento y nos reeduque en la planificación y la gestión de objetivos claros y realistas, con el fin de superar la resistencia al cambio.

Afirmaciones del tipo “la gente no cambia nunca” se convierten en una cuestión baladí ligada al autoengaño que nos ancla a la zona de (in)confort. Evidentemente, “si no cambias nada, nada cambia”, pero… ¿y si sí?

María Hernández Maestro. Psicóloga.

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